Sí: antes de la electricidad, muchas personas en Europa preindustrial y otras sociedades dormían en dos bloques principales, conocidos como “primer sueño” y “segundo sueño”. Pero no era una regla universal ni una recomendación moderna de hacer dos siestas de 4 horas: era un patrón adaptado a noches largas, poca luz artificial y ritmos de vida muy distintos.
El patrón del “sueño segmentado”
El historiador Roger Ekirch documentó miles de referencias históricas a un sueño dividido en dos tramos. Muchas familias se acostaban entre las 21:00 y las 22:00, dormían unas 3 a 4 horas, despertaban después de medianoche durante una o dos horas y luego volvían a dormir hasta el amanecer.
Durante ese intervalo nocturno —a veces llamado “la vigilia” o the watch— la gente rezaba, conversaba, visitaba vecinos, tenía relaciones sexuales, comía algo ligero, atendía tareas domésticas o simplemente reflexionaba.
Un ejemplo típico era:
- Primer sueño: aproximadamente de 21:30 a 01:30.
- Vigilia nocturna: de 01:30 a 02:30 o 03:00.
- Segundo sueño: desde entonces hasta el amanecer.
¿Por qué ocurría?
La explicación más plausible combina historia y biología. Sin electricidad, las noches eran oscuras durante muchas horas, sobre todo en invierno; la exposición prolongada a oscuridad podía favorecer un sueño más fragmentado y un período natural de vigilia a mitad de la noche.
Esto se apoya en un experimento del National Institute of Mental Health: cuando participantes estuvieron varias semanas expuestos a unas 14 horas de oscuridad por noche, comenzaron a dormir en dos segmentos de unas 4 horas, separados por un período de vigilia de aproximadamente una hora.
No era exactamente “2 ciclos de 4 horas”
La idea de “dos ciclos de 4 horas” es útil como simplificación, pero puede llevar a un error: no eran dos ciclos de sueño de 90 minutos. Eran dos bloques largos de sueño, cada uno con varios ciclos internos de sueño no REM y REM.
¿Era mejor que dormir 8 horas seguidas?
No necesariamente. El sueño segmentado parece haber sido normal y funcional en su contexto histórico, pero eso no demuestra que sea superior para una persona actual que vive con luz eléctrica, horarios laborales, pantallas y una jornada diurna fija.
La evidencia disponible sugiere que:
- El sueño continuo de 7 a 9 horas sigue siendo la recomendación principal para la mayoría de adultos.
- Despertar brevemente en la madrugada puede ser normal y no siempre indica insomnio.
- Intentar forzar dos bloques de 4 horas sin necesidad puede fragmentar el descanso y reducir el tiempo total de sueño.
Qué podemos aprender hoy
El mayor aprendizaje no es “hay que despertarse a medianoche”, sino que despertarse brevemente durante la noche no es automáticamente un fracaso. Si una persona se despierta, permanece tranquila, evita mirar el reloj o el celular y vuelve a dormir, su sueño puede seguir siendo saludable.
También recuerda que el sueño humano es flexible: puede organizarse en un bloque largo, en un bloque principal más una siesta, o —en condiciones históricas de oscuridad prolongada— en dos tramos. Lo importante es cubrir la necesidad total de descanso y mantener una rutina sostenible.
Conclusión
Antes de la electricidad, el patrón de “primer sueño”, vigilia nocturna y “segundo sueño” fue real y frecuente en muchas sociedades, con bloques de unas 3 a 4 horas separados por una o dos horas de vigilia. Sin embargo, no es una fórmula universal ni una prueba de que dormir 8 horas seguidas sea antinatural; es un recordatorio de que el sueño humano se adapta al entorno, la luz y el estilo de vida.
